Aún celebrando el tono más ponderado de algunos responsables políticos en las últimas semanas, y sus loables llamadas al optimismo, las amenazas sobre las economías catalana y española no dejan de agravarse.
Hasta ahora era la “particularidad inmobiliaria” lo que más preocupaba. La economía española, decíamos, estaba lastrada por el hundimiento de la construcción que duplicaba la crisis y nos hacía más vulnerables.
Una vez hemos visto los primeros , pero claros, brotes verdes en algunas economías, ha cambiado radicalmente el centro de nuestras angustias económicas, el “enemigo público número 1″. No es ya la debilidad del mercado de viviendas, ni siquiera la inexistencia en el horizonte de un motor económico de recambio el que debería concentrar la atención de los responsables económicos sino precisamente la propia recuperación avanzada de algunas de las economías europeas más potentes.
Y es que el Banco Central Europeo no permanece impasible ante las noticias positivas que circulan y se acumulan en las economías más dinámicas. El BCE obviamente ha empezado a afilar las armas antiinflación y medita como contraer la liquidez que ha estado inyectando en el sistema y en una posiblemente no muy lejana subida de tipos. Qué peor que una política contractiva para una economía, como la española, que ni tan siquiera ha alcanzado probablemente su nivel de mayor recesión. Una política monetaria adecuada para la recuperación alemana o francesa, quizás letal para la española.
Así, en la propia recuperación de las economías europeas se encuentra al mismo tiempo la esperanza (en que nos arrastren por contagio en su propia expansión) y el gran peligro de que nuestro retraso nos coja a contrapie en la segura alza de tipos. Para aquellos que frenan las medidas para ganar competitividad, que entiendan que el tiempo, más que nunca, avanza en contra de nuestros intereses.
(Comentarios en Onda Cero/La Plaza y en SER Catalunya, 29 y 30 septiembre 2009)