
Los funcionarios, en ocasiones de buena fe, se creen de verdad que su pequeño mundo de regulaciones, permisos y normativa diversa de letra pequeña es la realidad. Se equivocan y a veces, por miedo, no se lo decimos. El mercado, la actividad económica, la vida en definitiva, se aleja del Estado cuando éste no le garantiza el marco adecuado para desarrollarse.
En nuestra actividad de asesoramiento financiero la distancia entre la práctica del día a día y la estructura legal es abismal. Se asesora, y por lo tanto se induce al interlocutor cliente a obrar de determinada forma, desde un montón de funciones y entidades. Especialmente desde la sucursal bancaria de la esquina. Y se da este o estos consejos, en muchas ocasiones, sin las suficientes garantías profesionales que, por ejemplo, en medicina exigimos hasta a aquel que nos pone una inyección. Según el supervisor, a partir de ahora sólo asesorarán financieramente unas cuantas entidades que ellos autoricen y registren bajo unas normas vagas que hasta ahora han superado solo diez entidades. Lo cierto es que están consiguiendo alejar la práctica de la legalidad a marchas forzadas. Pero que no se equivoquen: la demanda de asesoramiento financiero personal es imparable. La gente, millones de personas en España, quiere consejo de calidad e independiente para resolver su porvenir financiero, para sacar provecho a su esforzado ahorro, para evitar los infames resultados de las inversiones financieras personales que obtienen un gran número de ciudadanos. Y lo obtendrán fuera del corsé profesional-regulatorio en el que nos quieren meter funcionarios y políticos que legislaron sin tener ni idea.
De ésto trató la primera jornada, y en parte la segunda, del EFPA Congress 2009 que organizamos en Madrid los pasados 19 y 20 de noviembre, el reflejo puro de que unos cuantos, pocos, funcionarios van por un lado y la profesión, EFPA ya con casi 8.000 miembros, por otro afortunadamente bién distinto.
(Ver una nota de prensa de la primera jornada de EFPA Congress 2009)