Improvisadas y a regañadientes. El conjunto de medidas para la reducción del déficit público que ha presentado el Presidente del Gobierno reflejan por una parte que han sido tomadas a la fuerza, obligados por las circunstancias del plan de salvamento europeo y por otra parte transpiran una gran improvisación. Ambos elementos constituyen un cocktail económicamente imbebible, necesario probablemente pero de pésima calidad.
Es lógico que la misma administración que hace tan solo unos días se negaba taxativamente a medidas de fuerza ahora, a las malas, presente un plan de recortes fácil, sin prioridades, sin tener como objetivo el incremento de la productividad del país. Se trata de ajustar cuantitativamente, y aún gracias. Donde hubiera sido necesario un buen trabajo de poda y a su tiempo, ha llegado el hacha desesperada de quién se muere de frío.
¿Dónde están las necesarias reformas estructurales?, ¿Cuáles van a ser las respuestas sindicales?, ¿De qué forma van a incidir los recortes en la actividad económica y sobre todo en una confianza general ya tan deteriorada? Tenemos un gobierno subsidiario dependiente de la UE. Necesitamos un gobierno que plantee reformas y que se plantee el futuro. Pero no está, y lo peor, no se le espera.
(Declaraciones enviadas a El Periódico, 12 mayo)