Tag: Estatut

Per a Liberal Matters

Posted by – 11/09/2010

The controlled demolition of the recent Spanish experience in decentralization and self government

In the last thirty years, we had become accustomed to being praised as an outstanding example of peaceful, effective transition to democracy and, especially, for having achieved a radical transformation from a centralist State to a strongly decentralized one.

The Constitutional pact of 1978, although it was at first only grudgingly accepted by the most conservative sectors of Spanish society, was a political paradigm,  apparently a model of stability and durability, and an outstanding example of its kind.

The Statutes of Autonomy for the “historical nationalities” of Catalonia, Euskadi (Basque Country) and Galicia – extended, with diverse formats and widely varying levels of support for their full implementation, indiscriminately to all other regions of Spain, despite their lack of a distinctive sense of national identity – have until very recently been considered admirable instruments for decentralization and for devolution of historical self-government. Moreover, and what is probably the most important consideration, they were applied with some conviction and viewed as dynamic constitutional elements that in the future would enable progressive advances towards self government among the Spanish nationalities, and the federalization of the central State.

Today, thirty-two years after the approval of the Spanish Constitution of 1978, and thirty-five years after the death of the dictator, this system, the agreement reached by a large majority of the citizens of Spain, in their various nationalities, is in profound crisis. The events of recent years have torpedoed the pact, and there is a very real danger of its total disintegration.

The most serious and direct responsibility for this situation can be ascribed to the conservative – and as such, most centralist – Spain, through its reiterated and restrictive application of rules and legislation regarding power sharing and through various appeals made to the Spanish Constitutional Court , and also via ferocious campaigns in the media, harking back to the most authoritarian and inflexible Spain, with overtones of neonationalism and, indeed, of the Civil War. On the other hand, the most progressive, liberal sectors of Spanish society, which were the main agents of the transition, have made a very muted response to the resurgence of reactionary Spain, all too often preferring to look the other way, almost always for reasons of electoral convenience. Catalonia, especially, is the focus of attention in this crisis, and the target of incomprehension and mistrust, due to its steadfast belief in the need for better self government,  particularly with respect to a more equitable system of funding and to achieving competences immune to the arbitrary interpretations of the central Government.

The outcome could not be less fortunate. In Catalonia, the broad social majority in favour of the status quo established under the 1979 Statute of Autonomy, and subsequently by that of 2006, which improved aspects of the former regarding local powers and financing, is turning into a new majority that is ceasing to believe in the Constitution, in the pact that made it possible, and is adopting increasingly secessionist attitudes. It is the retrograde, anti-liberal process we have witnessed in recent years, culminating in the sentence by the Spanish Constitutional Court (1) crippling the 2006 Statute, which has provoked this severe and abrupt change in the opinions of Catalan citizens, and which raises serious doubts in Catalonia and in Spain regarding their future relationship and coexistence.

Henceforth, unfortunately, the “Spanish case” may cease to signify the most praiseworthy example of a consensus-based process of decentralization, becoming, rather, a case in point of the fragility of a certain model, showing how the frivolity of certain political forces may readily erode an accord and the agreement among the diverse nationalities making up a complex State. And all for the sake of making the intolerance of the majority the new political paradigm.

Josep Soler
Economist, LI Bureau Member, Executive vice president LiD (Catalonia)

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[1]          The most important of these, against the constitutionality of the 2006 Statute, has led to a very restrictive judgment being handed down in July 2010, limiting essential aspects of the Statute. This judgment was made by a Court that is widely discredited due to its increasing politicization and because the term of the majority of the incumbent judges has expired; in some cases, they should have been replaced years ago. This Statute was previously approved by the Spanish Parliament, the Catalonian Parliament and by popular referendum.

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El derribo controlado de la reciente experiencia española en descentralización y autonomías

Nos habíamos acostumbrado en los últimos treinta años, a sentirnos halagados como ejemplo notable de transición pacífica y efectiva a la democracia y especialmente de radical transformación desde un estado centralista a uno fuertemente descentralizado.

De hecho el pacto constitucional de 1978, aunque fuera inicialmente aceptado demasiado a regañadientes por los sectores más conservadores de la sociedad y política española, constituía un paradigma político que parecía estar marcado por la estabilidad, la perdurabilidad y su carácter ejemplarizante.

Los estatutos de autonomía de Cataluña, Euskadi y Galicia – las nacionalidades históricas –  que,  con formatos y sobretodo voluntades aplicativas distintas, se han hecho extensivos indiscriminadamente a las restantes regiones españolas sin sensibilidad nacional propia y diferencial, han sido hasta muy recientemente admirables instrumentos de descentralización y devolución de autogobiernos históricos. Además, y es probablemente lo más importante, se aplicaban con relativa convicción y se entendían como piezas constitucionales dinámicas que iban en el futuro a permitir avances progresivos en el autogobierno de las nacionalidades y en la federalización del estado central.

Hoy, treinta y dos años después de la aprobación de las constitución española de 1978 y treinta y cinco desde la muerte del dictador, el sistema, el pacto en definitiva de una amplia mayoría de los ciudadanos españoles de sus diversas nacionalidades está en una crisis profunda tras ser torpedeado en los últimos años, y situándose al borde del naufragio más absoluto.

Las más seria y directa responsabilidad cabe adjudicarla a la España conservadora – y como tal más centralista –  a través de una reiterada aplicación restrictiva de la legislación y normativa de reparto de competencias y vía diversos recursos de anticonstitucionalidad , pero también a través de potentes campañas mediáticas de vuelta al pasado de la España más rancia, inmovilista, neonacionalista y, porque no decirlo, guerracivilista. Por su parte, los sectores más progresistas y liberales de la sociedad española, que fueron los principales protagonistas de la transición, han mantenido, ante el renacimiento de la España reaccionaria, actitudes muy tibias que demasiado a menudo preferían mirar hacia otro lado por razones casi siempre electoralistas. Ha sido especialmente Catalunya, para centrar y fijar el foco principal de la crisis, el centro de la incomprensión y el recelo, y ello por sus firmes convicciones de mejora del autogobierno, especialmente en pos de una financiación más justa y de unas competencias no sometidas a la aleatoriedad interpretativa del Gobierno central.

El resultado no puede ser más indeseado. En Cataluña, la amplia mayoría social a favor del status quo establecido por el Estatuto de Autonomía del 1979 y posteriormente por el del 2006 que mejoraba los aspectos competenciales y financieros del primero, se está tornando en una nueva mayoría que está dejando de creer en la Constitución, en el pacto que la hizo posible y adoptando posturas crecientemente secesionistas. Ha sido el proceso involutivo y antiliberal de los últimos años que ha desembocado y culminado en la sentencia del Tribunal Constitucional Español (1) dinamitando el Estatuto del 2006 el que ha provocado ese serio y brusco viraje en los sentimientos de los ciudadanos catalanes que abre para España y para Cataluña profundos interrogantes sobre su vinculación y convivencia futuras

Desgraciadamente a partir de ahora, el “caso español” va a dejar quizás  de significar el ejemplo más imitable de un proceso consensuado de descentralización para convertir-se en ejemplo de la fragilidad de un modelo, de como la frivolidad de determinadas fuerzas políticas pueden llegar a erosionar con facilidad un pacto y el consenso entre las diversas nacionalidades que constituyen un Estado. Todo para erigir la intolerancia de la mayoría en el nuevo paradigma político.

Josep Soler
Economist, LI Bureau Member, Executive vice president LiD (Catalonia)

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[1] El más trascendente, contra la constitucionalidad del Estatuto del 2006, ha desembocado en julio del 2010  a un fallo muy restrictivo, recortando aspectos esenciales del Estatuto. El fallo ha sido emitido por un Tribunal tremendamente desprestigiado por su politización y por estar constituido por una mayoría de jueces que deberían haber sido sustituidos hace, en muchos casos, años. Dicho Estatuto había sido aprobado por el Parlamento Español, Catalán y refrendado en referendum popular.

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Article que em demanen i es publicarà en la revista quatrimestral de la Internacional Liberal, Liberal Matters, que centrarà el seu proper número en temes de descentralització. Com no, volen que digui alguna cosa de “l’exemple català”. En mala hora…

I ara, què?

Posted by – 01/07/2010

Si els polititzats  lletrats del Tribunal Constitucional han estat quatre anys per dictar sentència, els polítics catalans no han tingut temps en aquest mateix període per, ni esbossat, preparar un mínim pla de contingència a la molt previsible sentència d’inconstitucionalitat.

De pressa i corrent, fruit no de la improvisació però de la inanitat, convoquen a una manifestació de cap de setmana com a tota resposta. Potser anticipar les eleccions un mes? I per a què? Per fer què amb els resultats?

Fracàs complet i absolut. Sensació de dependència d’uns quasi irresponsables. Sort que el país és molt més que el Parlament i la premsa seguidista.

La cançó enfadosa del TC

Posted by – 15/04/2010

Matí d’abril 2010 i les emissores de ràdio i diaris (suposo també les televisions) parlen de la imminència de la resolució del Tribunal Constitucional sobre l’Estatut. Com fa un mes, un any, dos anys,… Ahir, el meu fill petit em preguntava detalls de que anava tot això. Passa el temps i s’incorporen nous espectadors a la comèdia. Afortunadament per als actors ja que el públic habitual començava a desertar per avorriment.

No soc advocat i se m’escapen una gran majoria de les apreciacions jurídiques que mantenen ocupats a les legions de juristes que campen per tot arreu. Per exemple, soc incapaç de saber si l’aprovació d’una llei en referèndum canvia o no les regles per les que s’ha de mesurar la constitucionalitat o no d’un text. És a dir, si la voluntat popular directe afegeix substrat constitucional. Si fos així, es possible que l’Estatut fos “més constitució”. Una cosa així com un reglament emanat d’un altre text jurídic principal al que complementa. Al contrari, si la voluntat popular de la llei orgànica fou indiferent a la seva qualificació com a llei, ens agradi o no la composició actual del TC, hauríem de callar, esperar i acatar.

Més enllà, on rau el poder de veritat, juguen un partit diferent. Els socialistes guanyen amb una sentència benèvola i el PP amb una sentència dura. En definitiva un capítol més de la política de politxinel.lis que veiem diàriament. Que lluny estem de, tots plegats, valorar l’acció d’un tribunal constitucional com una de les principals garanties amb les que s’ha de dotar un sistema democràtic.

Circulant per l’Amèrica Llatina i veient com molts sàtrapes que presideixen països s’obsessionen en violar les seves constitucions per perpetuar-se, te n’adones de la importància de respectar fins i tot aquest deficient equip de constitucionalistes que ocupa les cadires del TC. Això si, escoltant que ahir, reunits en plenari i amb el país expectant, varen treballar una horeta  i  a dinar durant tres, penses que ni respecte ni gaites, que dictaminin d’una vegada i ens deixin en pau.